¿Puede afectar una mala oclusión a mi rendimiento deportivo?

 

ortodonciaParece que, según las últimas investigaciones, la respuesta es sí.

La salud bucal a menudo se tiene, pero no se sabe en qué porcentaje. Los problemas que afectan a los dientes y encías en su mayoría no se notan a simple vista, y es necesario realizar un análisis bien a fondo para saber cómo está realmente la situación. Pero cada vez tendemos a acudir al dentista con menor periodicidad, lo que implica que incremente el riesgo de sufrir enfermedades como sarro, caries y demás acumulaciones bacterianas que terminarán siendo luego gingivitis, pérdida de dientes y/o muelas, así como dolores innecesarios.

La estética dental es cada vez más trascendental en todos los ámbitos de la vida social. A pesar de que todos sabemos esto, un pequeño porcentaje se somete a tratamientos de ortodoncia para lucir una mejor sonrisa. La mayoría optan por posponer una y otra vez las consultas y los tratamientos.

Los problemas tras no someterse a los cuidados de la ortodoncia son muy variados y, aunque los costos de estos tratamientos suelan ser costosos, los riesgos potenciales de dejarlo pasar pueden agravarse en mayor media.

El término oclusión dental está cada vez más en la cabeza de muchos pacientes tras una simple visita al dentista. En las consultas se diagnostican problemas relacionados con una mala mordida, tales como desviaciones de la línea media, diastemas, apiñamiento, mordida cruzada y dientes ausentes.

La oclusión dental no es ni más ni menos que el contacto que se establece entre los dientes superiores e inferiores al cerrar la boca. Pueden encontrarse perfectamente alineados o presentar alteraciones a distintos niveles.

Diversos estudios confirman que con la corrección de diferentes maloclusiones, llevando la posición mandibular a un punto neutro, se mejora el control postural tanto en equilibrio estático como en dinámico. En deportistas, esta relación puede ser determinante tanto en el rendimiento final como en la prevención de lesiones como torceduras, distensiones y fracturas, por desequilibrios inesperados a medida que la fatiga es mayor y la capacidad de respuesta motora disminuye.

En los últimos años ha crecido el interés científico por la relación entre el sistema estomatognático (el conjunto de órganos y tejidos que permiten comer, hablar, masticar, deglutir y sonreír) y el control de la postura.

 

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